A 32 años de la Noche de los Lápices

15 de septiembre de 2008

Entrevista a Marta Ungaro
“La memoria exige: Justicia y castigo”
A 32 años de la Noche de los Lápices,la hermana de una de las jóvenes víctimas, Horacio Úngaro, cuenta cómo es el día a día en su lucha por encontrar la verdad.



Eran las cuatro y media de la mañana del 16 de septiembre de 1976, cuando el personal del Ejército irrumpió en el quinto piso de la calle 116 al 542, en La Plata. Dijeron que se tenían que llevar a Horacio Ungaro y a su amigo Daniel Racero, que ese día se había quedado a dormir. Hubo gritos, peleas, empujones; y la casa, desordenada.
Aquel episodio es conocido como La noche de los lápices, en la que ocho jóvenes que militaban en la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) fueron secuestrados. De allí en adelante, Marta Úngaro -la hermana mayor de Horacio- como tantos otros familiares de desaparecidos, busca juicio y castigo para los responsables.


Teniendo en cuenta que tu hermano tenía sólo 17 años cuando desapareció ¿Cómo creés que surgió en él el interés por la militancia?
Nosotros venimos de una familia en la que se militaba. Mis padres, por ejemplo, se conocieron en la solidaridad con la Guera Civil Española. O sea que el tema de política no era ajeno a la familia. Era una época en la que los jóvenes militaban desde muy chicos, se discutía mucho el tipo de país que se quería y lo que se iba a hacer. Algo que no ocurre actualmente. Mi hermano iba junto con su grupo a dar apoyo escolar a un barrio carenciado, ayudaba a reparar las casas y a alfabetizar pero hacía junto con eso la vida de un chico de quince años, seguía durmiendo en su casa y yendo a la escuela, no hacía una vida clandestina.


¿Qué acciones llevó a cabo tu familia luego del secuestro?
El mismo día que secuestraron a Horacio salimos a buscar un abogado que presentara un habeas corpus pero, como hacía una semana habían asesinado a dos abogados estudiantiles de La Plata, no conseguimos quien lo redactara, por eso mi papá -que era ingeniero- lo tuvo que hacer por derecho propio. A partir de ese momento, empezamos a enterarnos de que había más chicos desaparecidos. Mi hermana fue secuestrada a los quince días cuando fue a buscar a la mamá de Racero a su casa. Ella estuvo en los mismos lugares que había estado Horacio pero nunca lo vio, con los que sí se encontró fue con Emilce Moler y Gustavo Calotti, quienes habían estado los primeros diez días hasta que a mi hermano lo trasladaron al Pozo de Banfield, donde estuvieron hasta los primeros días de diciembre del 77.


Tu hermana estuvo detenida 14 días ¿cómo fue su liberación?
La liberaron como tantas veces soltaban a alguno que traía el recuerdo del horror de adentro, y ahí supimos que había campos de detención. El día que ella salió mi papá le dijo que anotara todo para no olvidarse porque iba a llegar el momento que lo pudiera contar y así fue. Ni bien se abrió la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) ella se presentó enseguida y fue testigo del Juicio a la Junta.


Participás en el Juicio por la Verdad, ¿en qué se basa y cuál es tu colaboración?
Se inició hace diez años cuando diez familiares de desaparecidos hicimos una presentación frente a la Cámara Federal que resolvió que el juicio no podía ser punible porque estaban vigentes las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Sin embargo, sirvió para recolectar testimonios y datos sobre las torturas y el destino de los desparecidos. De ahí salieron el juicio de Carmen Sanz, la condena a Etchecolatz, Bergés y Von Wernich. Hace diez años que trabajo ad honorem y ahora me metí de lleno en eso.


¿Qué opinás de las políticas de Derechos Humanos del Gobierno?
Juntar las megacausas de los represores es importante, pero a tres años de haber anulado las leyes de Obediencia Debida y Punto Final deberían haberse abierto los juicios mucho más rápido. La voluntad está en el discurso, pero una cosa es lo que se dice y otra es la que se hace. La memoria fue instalada, pero por la lucha que hemos hecho los familiares; exige condena ahora, no es sólo un museo. La memoria exige el juicio y castigo que se va a conseguir cuando de verdad se juzgue a los responsables.


¿Cómo se mantiene viva la memoria de Horacio?
Cuando se cumplieron los 30 años de su desaparición la comunidad en la que nací, Gonnet, empezó una campaña para poner el nombre de Horacio a una escuela. Después de muchas complicaciones, se logró el objetivo. Es importante colocar los nombres de gente simple que dio la vida por un país mejor.


¿Qué se perdió junto con los 30.000 desaparecidos?
Se perdió una generación que pensaba que la revolución se hacía desde la fuerza política en la que uno militaba. Nos faltan dirigentes nuevos y honestos, que estén dispuestos a dar la vida desde el sacrificio. Hoy tenemos que recobrar la mística de la militancia que da todo por el otro.



Escrito por : Agustina Ordoqui - Noticias por doquier

Solange Chávez

Sol Romero - Pancitos

Florencia Di Niro

2 leen y editan:

Agus dijo...

"martaaaaaa, subí el volumen del micrófono!" jaja
a pesar de los percances, me gustó mucho hacer esa entrevista, fue la primera vez que hablaba con un familiar de desaparecido y escuchaba en su carne propia lo que fue.. muy impactante la verdad

besos, flor !

MSR dijo...

Me encanta esta entrevista. Costó conectarnos, pero salió y quedó perfecta!