Allá por el año 2001, cuando la crisis política y económica sacudía a la Argentina, Valentín Herrera Curi como tantos otros millones de argentinos perdió su empleo de conductor de camiones. En ese momento en que la pobreza llegó hasta su puerta, él decidió salir a la calle y hacer de la basura que los habitantes de la Ciudad de Buenos Aires desechaban su oportunidad de salir adelante.
Pero en su barrio, Villa Soldati, no fue el único en tomar esa decisión. Sus vecinos, en su mayoría ex empleados industriales, se vieron obligados a tomar como suya una de las profesiones que más crecería en los últimos años. Sin esperarlo, como víctimas de esa fuerte crisis estos vecinos empezaron a cartonear.
“Éramos personas humildes, pero todos nosotros teníamos trabajos. Yo era conductor profesional. Pero el 2001 nos golpeó, y antes de hacer nada decidimos salir a la calle y hacer algo totalmente nuevo para nosotros, juntar cartones”, asegura Herrera Curi, quien hoy es presidente de la cooperativa.
Poco a poco se empezaron a unir y a fines de 2002, estas familias pasaron de ser un grupo de cartoneros a conformar Reciclando Sueños. Con el tiempo se consolidaron y de las pocas personas que eran al comienzo, hoy pasaron a ser 70 grupos familiares. Ellos se encargan no sólo de la recolección de los papeles, sino también de hierros, goma espuma y desde este año elementos de electrónica que reparan y donan a fundaciones, “creemos que de la basura puede salir algo bueno” afirma Herrera Curi.
En estos últimos meses, gracias a la ayuda de la Fundación Equidad desarrollan una vez por semana un curso de capacitación en reparación electrónica. Con orgullo por la iniciativa que llevan adelante, el presidente de la cooperativa asegura: “Nosotros sabemos que la posibilidad de estudiar algo no está latente para los hijos de los cartoneros, pero si desde acá ayudamos a conseguirlo bienvenido sea”.
A fines del 2007, Reciclando Sueños recibió de manos del Gobierno de la Ciudad, en comodato por 5 años, un predio frente a la cancha de Saca chispas. Esto les permite tener su propio centro de acopio y selección de materiales. Así también, desde la aprobación de la ley de Basura Cero, impulsada por la asociación ambiental Greenpeace, se convirtieron en recuperadores urbanos y gracias a este reconocimiento se les deberían otorgar determinados beneficios.
“Contamos con una credencial que nos permite ejercer la actividad libremente por la ciudad. Pero por supuesto, que no se cumplen todos los beneficios. La credencial sola no ayuda en nada, según la ley deberíamos estar incorporados al servicio de recolección formal. No está bien hecho, incluso todavía no se registraron todos los cartoneros”
En la mayoría de los casos, la situación de los recuperadores urbanos no es favorable. A principios de este año, la empresa de ferrocarriles TBA decidió suspender el servicio del Tren Blanco, que todos los días trasladaba a los cartoneros que llegaban en busca de cartones desde el conurbano. Como consecuencia, muchos de ellos tuvieron que dejar sus casas y trasladarse a asentamientos en la ciudad.
A pesar de que ellos no lo sufren en carne propia Valentín asegura: “Nosotros firmamos junto a otras tres cooperativas un recurso de amparo para la restitución del servicio. Ellos son cartoneros porque no pueden ser otra cosa, por eso dejan sus casas para vivir acá. Creemos que tomar medidas agresivas no lleva a nada. El problema no son ellos, es otro el desencadenante de esta realidad”.
En el 2006, Reciclando Sueños tuvo la oportunidad de comenzar a exportar parte de lo que recolectaban, la chatarra ferrosa, a una empresa española Inter- Recicla. Los precios internacionales son, para ellos, más convenientes; mientras en un centro de acopio el kilo de hierro se paga de 30 a 40 centavos, en el exterior lo compran por un peso ochenta.
Valentín cuenta que están inscriptos como exportadores y ya llevan doce embarques exitosos al exterior: el mes pasado enviaron un pedido a China. Pero no son todas ganancias para estas 70 familias. En primer lugar, trabajan contra gigantes multinacionales como Techint y Siderar, que exportan miles de toneladas al mes mientras ellos lo hacen cada tanto y con embarques de 60 toneladas, por falta de presupuesto.
Pero su mayor obstáculo se encuentra en la Aduana argentina, que para permitirles exportar les cobra por adelantado unas retenciones del 40 por ciento sobre sus ganancias. Herrera Curi aclara: “Nosotros estamos trabajando y vivimos de esto, y ese impuesto más que alto, es altísimo”.
Este porcentaje que se les retiene en cada embarque forma parte de una resolución que Roberto Lavagna creó en el año 2005, cuando era ministro de economía del gobierno de Néstor Kirchner. Pero desde Reciclando Sueños aseguran que sólo sirve para favorecer a las grandes empresas extranjeras, “Nosotros pagamos ese 40 por ciento que nos es perjudicial. Ese dinero podría mejorar la calidad de vida de las familias. Estamos pagando algo sobrevaluado y ridículo”.
A pesar de las trabas que se les presentan por su condición de cartoneros, Valentín Herrera Curi asegura que va a seguir como desde la cooperativa para lograr mejorar la situación de sus compañeros. “Nosotros creemos que esto aún tiene arreglo. Algún día va a llegar el momento en que se dignifique al trabajador reciclador, y que no lo vean como alguien que salió de la oscuridad para quedarse ahí”, afirma su presidente, y concluye: “Todo lo que podamos aportar desde Reciclando Sueños vamos a darlo entre todos”.
"Creemos que va a llegar el día en que se dignifique al trabajador reciclador"
por Florencia Di Niro temas ong´s, solidaridad 24 de septiembre de 2008
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