Eran las seis de la tarde de un día de calor agobiante en la ciudad. Alejandro Terán esperaba sentado en un banco ubicado en la vereda de Balcarce al 400 (San Telmo), donde esa noche iba a hacer una presentación junto a la banda de la que fue partícipe hace más de veinte años, La Portuaria.
Vestido con elegancia, lleva un impecable traje gris azulado al que le quita la solemnidad con una camisa naranja y un sombrero color arena. Sostiene con sus manos la postal de una película que luego contara que vió y que es exce
lente. Él espera tranquilo y pasa desapercibido ante la mirada de cientos de personas que no saben que este hombre fue muchas veces el responsable de hacer los arreglos musicales y de el excelente resultado de los discos de bandas y cantantes como Joan Manuel Serrat, Gustavo Cerati, Charly García, Elvis Costello junto a una lista que asciende a decenas de talentos.
No fue Terán quien persiguió a la música, sino que sucedió todo lo contrario, nació en el lugar correcto para que la música lo impregne desde la cuna.
¿Cómo empezaste a acercarte a la música?
Todos en mi familia son músicos. Mi papá era músico, mi mamá no era música profesional pero tocaba el violín, el piano y cantaba. Mi papá si era profesional y tocaba el trombón y el violoncello. Toda mi infancia fue como musical. Aprendí a leer música antes de leer palabras. Mi papá trabajaba con bandas y orquestas, me llevaba y me dejaba quedarme solo con los instrumentos, cosa que era poder manosearlos y tocarlos. Tuvo siempre la delicadeza de no imponerme a la música sino de sugerírmela. Siempre me ponía desafíos musicales, o sea, compraba un instrumento, lo dejaba ahí y no decía que era para mí. Este fue uno de los métodos que le rendía porque me producía curiosidad. La sutileza de mi viejo es gran parte del asunto. Lo llevo muy bien.
¿En algún momento se te pasó por la mente ser otra cosa?
Yo quería ser arquitecto de chiquito. Pero, mientras estudiaba música. Es más o menos lo mismo. Yo me dedico a escribir música, lo que se llama ser arreglador musical, escribo orquestas a pedido. Y se escriben al papel, o sea al papel virtual que es hoy la compu y se hace como los planos. De la orquesta se hace un plano que es bastante parecido a un plano arquitectónico. Es arquitectura. Tenes que hacer que la orquesta se sostenga bien sobre la cuerda y sobre los graves. Tiene algo muy de arquitecto.
¿Cómo pasaste de ser un chico rodeado por la música a entrar en el ámbito profesional?
Esa fue la pubertad musical. Cuando uno tiene la opción, de en Buenos Aires por ejemplo, tocar un instrumento más o menos bien en la orquesta, el violín o el clarinete, tenes la vida orquestal como posibilidad. Podes empezar a concursar por orquestas hasta ganar un puesto. Pero, aunque la vida de orquesta es muy hermosa, siempre me daba miedo y no me gustaba. Mi papá, que fue músico orquestal, me sugería vías como para ir y yo me resistía a las orquestales, no quería. Le tenía fobia a eso. Y allí había tensión, era como la pubertad musical con la rebeldía. Con La Portuaria empecé desde muy chiquito, a los 18, en la cuerda. Y eso me gustaba más que ir a hacer una carrera de orquesta.
¿Cómo recordas ese paso por La Portuaria?
Ahora somos todos señores avejentados. (Se ríe) No, mentira. Fue hermoso, fue la banda madre. Ahí estaba Axel Krigyer, Christian Basso y (Diego) Frenkel también. Salimos mucho tiempo de gira y después ya nos odiábamos muy mal y estuvimos un montón de tiempo sin trabajar juntos. Y ahora que ya estamos viejos, ya esta.
¿Qué es la música para vos?
Nietzsche decía que la música era la única esencia más abarcativa que la filosofía, que era más abarcativa que cualquier filosofía. Linda idea, viniendo de un filósofo y no de un músico. Por ejemplo, si vuelvo al homenaje constante a mi papá, que murió hace poco y lo tengo muy en la cabeza: a el cuando tenía cuatro años se lo llevaron, era un indigente y se lo llevaron a los orfanatos. Listo, con cuatro años solo a los orfanatos. Salio a los 21, niño de orfanato, y se fue a hacer de bombero, y en la estación había bandas y fanfarrias. Antes era así, los bomberos eran músicos. Y así se hizo músico a los, tardísimo. A eso vamos, yo me imagino que cuando el salio de esa cárcel que son los reformatorios tenia la opción de ser un asesino o una persona así, pero no un músico. Directamente, la música fue para el como un ángel que lo agarró de la espalda y le salvo la vida. Y así la vivía mi papa a la música, ya de grande, como realmente alguien que le salvó la vida, con un amor que creo que fue tan fuerte que toda la familia se mancho después. Todas las generaciones siguientes quedaron músicas.
Trabajaste con muchos artistas en tu carrera, ¿cuál fue la experiencia más grata que viviste?
De distintas maneras, porque uno siempre se divierte más con los amigos. Podríamos decir la banda en la que la pase mejor porque fue con amigos podría ser para mi Sexteto irreal en donde estaban Cristian y Axel, que son amigos míos. Axel, es amigo mío de la secundaria, y tocamos juntos muchos años. Cuando el tenia trece yo ya tocaba con el. Eso, por un lado. Y como personaje y artista, (Charly) García es increíble. La experiencia de García fue realmente como entrar en otro planeta. Y después mil cosas, me encanta mi orquesta porque también es gente que labura hace mucho conmigo, ya nos conocemos los vicios y es grato. Hay interna en el buen sentido. Si se me van ocurriendo todos con los que la pase bien voy a terminar nombrándote todos, porque a mi me encanta eso de ir saltando de mundo en mundo. Se me hizo como un vicio, porque hice como trescientos discos. Te corta mucho esa rutina de la que yo escapaba cuando era chico que es la carrera de la orquesta, era a eso lo que yo le temía un poco, a estar siempre en el mismo lugar.
Ya que hablaste de tu propia orquesta, ¿cómo nació Hypnofón?
Para alguien que escribe música, tener una orquesta con la sonoridad de la orquesta es como el sueño del pibe, tener a todos. Pero todos, por lo menos en la orquesta sinfónica son como 70 u 80 músicos. Por ejemplo, la lógica es: si yo quiero tener un corno (los que apuntan para atrás), pero el corno suena lindo de a muchos para que hagan acordes, tengo que poner cuatro cornos para que hagan diferentes voces. Pero, cuatro cornos suenan tan fuerte, que si tenes cinco violines se los morfa. Entonces, tenes que poner veinte primeros violines y veinte segundos para compensar el sonido del metal. Entonces si pusiste diez primeros tenes que poner diez segundos u ocho. Y así, para que te den más o menos las proporciones de la orquesta tienen que ser muy grande el grupo. Yo hago todo lo contrario, achico. Pongo uno de cada uno, en la orquesta, hay un solo violín primero, un solo violín segundo. Nos ayuda la grabación, la amplificación, la orquesta escuchada acústica tiene una cuerda muy chica. Pero bueno, Hypnofón es eso, es la manera más sintética de tener un placer grande.
¿Y cómo siguen los planes para Hypnofón?
Los planes son raros. Porque viste que la discografía aumento mucho. Además, hoy en día hacer un disco no es ver cuanto vendes. El camino de los discos es magia porque te encontras con gente con la que de ninguna manera te hubieras conectado sino tenias ese objeto entre medio. Es hermoso lo que pasa. Pero no se, la carrera discográfica me da como fiaca. Tal vez, después hacemos un tema.
Actualmente vivimos en una época de fusión. Y una de las fusiones más criticadas es el tango electronico, ¿lo consideras buena música?
A mi me parece que el tango como consigna, desde la época de Troilo y Piazolla tiene como una complejidad y un discurso casi parecido a la música clasica. Pone la confianza total en el oyente. Yo no voy a hacer nada para facilitarte la escucha. Al contrario, voy a hacer lo posible para complejizarte la escucha y como para que tengas más. Si al tango se le aplica como un peine de complejidad y se lo reduce a algo como el cliche, es feo. Lo peor del tango electronico es cuando es mucho peor de calidad que cualquier tango. No digo que todo sea asi, todo el tango electronico no es asi ya que hay gente talentosa haciendolo. Pero en general, es difícil encontrala. A mi me mata el tango complejo. Digamos que la idea del tango electronico parte mucho del cliche, y tiende mucho a quitarle riqueza. Un bandoneón haciendo el cliche del sonido del bandoneón no me gusta, me parece mal. Siempre digo que el mal gusto esta bien y a mi me gusta. Creo que a todos nos gusta. El mal gusto uno lo disfruta al igual que al buen gusto. Lo que uno no puede disfrutar es de la falta de gusto. O sea el gusto neutro o lo correcto. Un ritmo electronico correcto y un correcto bandoneón eso es inbancable. Si fuera incorrecto o de mal gusto si, eso te lo tomo.
Esta también es una época donde la fama es muy efímera. ¿Por qué crees que hay artistas que se mantienen y otros que se pierden tan rápido?
Yo me fui un año con Serrat a España. El trabaja con otro señor que se llama Miralles, que es quien toca el piano junto a el desde siempre. Son como hermanos, son gente grande, pero muy juveniles y bien mantenidos. Tipos de ese carisma, tienen a la gente hipnotizada por horas. Ellos no son comunes. Serrat creo que puede seguir hasta los doscientos años sin hacer una publicidad, porque es un artista de verdad. El duo es increíble. Eso va a la pregunta. Lo que sostiene en el tiempo es que tienen sustancia. Lo insustancial se deshace con el tiempo y no esta mal. A mi encantan los temas de verano. Los temas que suenan un poquito y se van me gustan, se me pegan y los toco. Y si son de mal gusto mejor, más lo disfruto, y esta bien. Lo unico que falta es que pongamos en el arte lo solemne. ¿Al arte lo vas a hacer pesado?, no.
Cuando hiciste Once Episodios Sinfónicos junto a Cerati hubo una crítica muy dura frente a tu trabajo, ¿cómo reaccionás frente a esos comentarios?
Ese era un caso muy especial, porque era una revista en la que le habian pedido a un periodista que hiciera la peor critica del espectaculo y a otro la mejor. Las dos eran absurdas. A mi me parece que en cuanto a la direccion de orquesta tenes que saber bien como funcionan, un montón de cosas que te hacen un especialista en eso. Ahora, yo no tengo que ser experto, porque no dirijo repertorios de otros, yo dirijo lo que escribo. Entonces, puedo permitirme no ser un experto. Me gusta que pase todo lo que tiene que pasar. Me gusta ser fan del músico y cuando toque algo que me parece que esta mal dejarlo. Me gusta ver como se las arregla un músico con la partitura, en vez de ir y decirle como tocarla. Me doy esos lujos. Son muy criticables mis desprolijidades como director, pero no me molesta. Prefiero que sea asi.
¿Tenes alguna obsesión, ya sea dentro o fuera de la música?
Miles. La más grande es la música misma, que tiene rebates de obsesividad. El otro día deciamos con mi amigo Pedro Onetto que yo creia que a los 40 iba a estar pensando en cosas muy complejas de la música, como en los ultimos puntos de la filosofía musical. Y no, uno sigue pensando en como afinar.
Después de tantos trabajos en tu carrera, ¿ Hay algo que tengas pendiente de hacer?
Es que la música es la cuenta pendiente. Todos los dias todo esta pendiente en la música. Cada vez hay más. la sensación todo el tiempo es de que casi no hay nada hecho. No creo que haya un solo artista músico en el mundo que sienta colmadas sus expectativas, a ninguna edad, ni después de cualquier logro. Más bien, intuyo que sucede lo contrario: a medida que uno se interna, descubre la cósmica e infinita vastedad, porque la música no es otra cosa que una forma de representar el Cosmos. Después de veinticinco de carrera tengo una fuerte sensación de ser un principiante, y la intuición de que esa sensación nunca cambiará, haga lo que haga.
¿Cómo empezaste a acercarte a la música?
Todos en mi familia son músicos. Mi papá era músico, mi mamá no era música profesional pero tocaba el violín, el piano y cantaba. Mi papá si era profesional y tocaba el trombón y el violoncello. Toda mi infancia fue como musical. Aprendí a leer música antes de leer palabras. Mi papá trabajaba con bandas y orquestas, me llevaba y me dejaba quedarme solo con los instrumentos, cosa que era poder manosearlos y tocarlos. Tuvo siempre la delicadeza de no imponerme a la música sino de sugerírmela. Siempre me ponía desafíos musicales, o sea, compraba un instrumento, lo dejaba ahí y no decía que era para mí. Este fue uno de los métodos que le rendía porque me producía curiosidad. La sutileza de mi viejo es gran parte del asunto. Lo llevo muy bien.
¿En algún momento se te pasó por la mente ser otra cosa?
Yo quería ser arquitecto de chiquito. Pero, mientras estudiaba música. Es más o menos lo mismo. Yo me dedico a escribir música, lo que se llama ser arreglador musical, escribo orquestas a pedido. Y se escriben al papel, o sea al papel virtual que es hoy la compu y se hace como los planos. De la orquesta se hace un plano que es bastante parecido a un plano arquitectónico. Es arquitectura. Tenes que hacer que la orquesta se sostenga bien sobre la cuerda y sobre los graves. Tiene algo muy de arquitecto.
¿Cómo pasaste de ser un chico rodeado por la música a entrar en el ámbito profesional?
Esa fue la pubertad musical. Cuando uno tiene la opción, de en Buenos Aires por ejemplo, tocar un instrumento más o menos bien en la orquesta, el violín o el clarinete, tenes la vida orquestal como posibilidad. Podes empezar a concursar por orquestas hasta ganar un puesto. Pero, aunque la vida de orquesta es muy hermosa, siempre me daba miedo y no me gustaba. Mi papá, que fue músico orquestal, me sugería vías como para ir y yo me resistía a las orquestales, no quería. Le tenía fobia a eso. Y allí había tensión, era como la pubertad musical con la rebeldía. Con La Portuaria empecé desde muy chiquito, a los 18, en la cuerda. Y eso me gustaba más que ir a hacer una carrera de orquesta.
¿Cómo recordas ese paso por La Portuaria?
Ahora somos todos señores avejentados. (Se ríe) No, mentira. Fue hermoso, fue la banda madre. Ahí estaba Axel Krigyer, Christian Basso y (Diego) Frenkel también. Salimos mucho tiempo de gira y después ya nos odiábamos muy mal y estuvimos un montón de tiempo sin trabajar juntos. Y ahora que ya estamos viejos, ya esta.
¿Qué es la música para vos?
Nietzsche decía que la música era la única esencia más abarcativa que la filosofía, que era más abarcativa que cualquier filosofía. Linda idea, viniendo de un filósofo y no de un músico. Por ejemplo, si vuelvo al homenaje constante a mi papá, que murió hace poco y lo tengo muy en la cabeza: a el cuando tenía cuatro años se lo llevaron, era un indigente y se lo llevaron a los orfanatos. Listo, con cuatro años solo a los orfanatos. Salio a los 21, niño de orfanato, y se fue a hacer de bombero, y en la estación había bandas y fanfarrias. Antes era así, los bomberos eran músicos. Y así se hizo músico a los, tardísimo. A eso vamos, yo me imagino que cuando el salio de esa cárcel que son los reformatorios tenia la opción de ser un asesino o una persona así, pero no un músico. Directamente, la música fue para el como un ángel que lo agarró de la espalda y le salvo la vida. Y así la vivía mi papa a la música, ya de grande, como realmente alguien que le salvó la vida, con un amor que creo que fue tan fuerte que toda la familia se mancho después. Todas las generaciones siguientes quedaron músicas.
Trabajaste con muchos artistas en tu carrera, ¿cuál fue la experiencia más grata que viviste?
De distintas maneras, porque uno siempre se divierte más con los amigos. Podríamos decir la banda en la que la pase mejor porque fue con amigos podría ser para mi Sexteto irreal en donde estaban Cristian y Axel, que son amigos míos. Axel, es amigo mío de la secundaria, y tocamos juntos muchos años. Cuando el tenia trece yo ya tocaba con el. Eso, por un lado. Y como personaje y artista, (Charly) García es increíble. La experiencia de García fue realmente como entrar en otro planeta. Y después mil cosas, me encanta mi orquesta porque también es gente que labura hace mucho conmigo, ya nos conocemos los vicios y es grato. Hay interna en el buen sentido. Si se me van ocurriendo todos con los que la pase bien voy a terminar nombrándote todos, porque a mi me encanta eso de ir saltando de mundo en mundo. Se me hizo como un vicio, porque hice como trescientos discos. Te corta mucho esa rutina de la que yo escapaba cuando era chico que es la carrera de la orquesta, era a eso lo que yo le temía un poco, a estar siempre en el mismo lugar.
Ya que hablaste de tu propia orquesta, ¿cómo nació Hypnofón?
Para alguien que escribe música, tener una orquesta con la sonoridad de la orquesta es como el sueño del pibe, tener a todos. Pero todos, por lo menos en la orquesta sinfónica son como 70 u 80 músicos. Por ejemplo, la lógica es: si yo quiero tener un corno (los que apuntan para atrás), pero el corno suena lindo de a muchos para que hagan acordes, tengo que poner cuatro cornos para que hagan diferentes voces. Pero, cuatro cornos suenan tan fuerte, que si tenes cinco violines se los morfa. Entonces, tenes que poner veinte primeros violines y veinte segundos para compensar el sonido del metal. Entonces si pusiste diez primeros tenes que poner diez segundos u ocho. Y así, para que te den más o menos las proporciones de la orquesta tienen que ser muy grande el grupo. Yo hago todo lo contrario, achico. Pongo uno de cada uno, en la orquesta, hay un solo violín primero, un solo violín segundo. Nos ayuda la grabación, la amplificación, la orquesta escuchada acústica tiene una cuerda muy chica. Pero bueno, Hypnofón es eso, es la manera más sintética de tener un placer grande.
¿Y cómo siguen los planes para Hypnofón?
Los planes son raros. Porque viste que la discografía aumento mucho. Además, hoy en día hacer un disco no es ver cuanto vendes. El camino de los discos es magia porque te encontras con gente con la que de ninguna manera te hubieras conectado sino tenias ese objeto entre medio. Es hermoso lo que pasa. Pero no se, la carrera discográfica me da como fiaca. Tal vez, después hacemos un tema.
Actualmente vivimos en una época de fusión. Y una de las fusiones más criticadas es el tango electronico, ¿lo consideras buena música?
A mi me parece que el tango como consigna, desde la época de Troilo y Piazolla tiene como una complejidad y un discurso casi parecido a la música clasica. Pone la confianza total en el oyente. Yo no voy a hacer nada para facilitarte la escucha. Al contrario, voy a hacer lo posible para complejizarte la escucha y como para que tengas más. Si al tango se le aplica como un peine de complejidad y se lo reduce a algo como el cliche, es feo. Lo peor del tango electronico es cuando es mucho peor de calidad que cualquier tango. No digo que todo sea asi, todo el tango electronico no es asi ya que hay gente talentosa haciendolo. Pero en general, es difícil encontrala. A mi me mata el tango complejo. Digamos que la idea del tango electronico parte mucho del cliche, y tiende mucho a quitarle riqueza. Un bandoneón haciendo el cliche del sonido del bandoneón no me gusta, me parece mal. Siempre digo que el mal gusto esta bien y a mi me gusta. Creo que a todos nos gusta. El mal gusto uno lo disfruta al igual que al buen gusto. Lo que uno no puede disfrutar es de la falta de gusto. O sea el gusto neutro o lo correcto. Un ritmo electronico correcto y un correcto bandoneón eso es inbancable. Si fuera incorrecto o de mal gusto si, eso te lo tomo.
Esta también es una época donde la fama es muy efímera. ¿Por qué crees que hay artistas que se mantienen y otros que se pierden tan rápido?
Yo me fui un año con Serrat a España. El trabaja con otro señor que se llama Miralles, que es quien toca el piano junto a el desde siempre. Son como hermanos, son gente grande, pero muy juveniles y bien mantenidos. Tipos de ese carisma, tienen a la gente hipnotizada por horas. Ellos no son comunes. Serrat creo que puede seguir hasta los doscientos años sin hacer una publicidad, porque es un artista de verdad. El duo es increíble. Eso va a la pregunta. Lo que sostiene en el tiempo es que tienen sustancia. Lo insustancial se deshace con el tiempo y no esta mal. A mi encantan los temas de verano. Los temas que suenan un poquito y se van me gustan, se me pegan y los toco. Y si son de mal gusto mejor, más lo disfruto, y esta bien. Lo unico que falta es que pongamos en el arte lo solemne. ¿Al arte lo vas a hacer pesado?, no.
Cuando hiciste Once Episodios Sinfónicos junto a Cerati hubo una crítica muy dura frente a tu trabajo, ¿cómo reaccionás frente a esos comentarios?
Ese era un caso muy especial, porque era una revista en la que le habian pedido a un periodista que hiciera la peor critica del espectaculo y a otro la mejor. Las dos eran absurdas. A mi me parece que en cuanto a la direccion de orquesta tenes que saber bien como funcionan, un montón de cosas que te hacen un especialista en eso. Ahora, yo no tengo que ser experto, porque no dirijo repertorios de otros, yo dirijo lo que escribo. Entonces, puedo permitirme no ser un experto. Me gusta que pase todo lo que tiene que pasar. Me gusta ser fan del músico y cuando toque algo que me parece que esta mal dejarlo. Me gusta ver como se las arregla un músico con la partitura, en vez de ir y decirle como tocarla. Me doy esos lujos. Son muy criticables mis desprolijidades como director, pero no me molesta. Prefiero que sea asi.
¿Tenes alguna obsesión, ya sea dentro o fuera de la música?
Miles. La más grande es la música misma, que tiene rebates de obsesividad. El otro día deciamos con mi amigo Pedro Onetto que yo creia que a los 40 iba a estar pensando en cosas muy complejas de la música, como en los ultimos puntos de la filosofía musical. Y no, uno sigue pensando en como afinar.
Después de tantos trabajos en tu carrera, ¿ Hay algo que tengas pendiente de hacer?
Es que la música es la cuenta pendiente. Todos los dias todo esta pendiente en la música. Cada vez hay más. la sensación todo el tiempo es de que casi no hay nada hecho. No creo que haya un solo artista músico en el mundo que sienta colmadas sus expectativas, a ninguna edad, ni después de cualquier logro. Más bien, intuyo que sucede lo contrario: a medida que uno se interna, descubre la cósmica e infinita vastedad, porque la música no es otra cosa que una forma de representar el Cosmos. Después de veinticinco de carrera tengo una fuerte sensación de ser un principiante, y la intuición de que esa sensación nunca cambiará, haga lo que haga.
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